Anestesia local
Escapar de la rabia de este mundo que tapiza las paredes de lo absurdo. De este mundo que varía sin pensarlo siquiera, mostrándonos sus bondades en segundos que se hacen horas y luego años, pero que en verdad sólo han sido sueños.
De un mundo en el que intentar destruir, parece más fácil que intentar amar.
Correr más allá de lo oscuro es un reto que parece no acabar en medio de aquellas miradas cínicas o aplausos o palabras que tratan de halagarnos, pero que en verdad son cuchillas disfrazadas de rosas.
Correr, en medio de la nada de un mundo a veces sucio, a veces ingrato, a veces injusto o a veces tan dulce como la miel.
Volar, a lo lejos para no sentir ya más el murmullo de la gente o el tronar de los motores y ni siquiera escuchar el tenue sonido de mi voz, silente en medio de la noche cuando trato de llegar algo más allá de mis manos.
Algo imposible si se mira con los ojos o se intenta pensar con la racionalidad inconsistente de las noches en vela. Posible, cuando se cree en la libertad del espíritu. En lo intangiblemente sublime de pensar siquiera, en ver tus manos junto a las mías.
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