En el hecho de ser o estar.
La magia del vivir se consume tras mi puerta, mientras me cobijo en las pocas ropas que me quedan. La distancia quema cuando pienso en tí, intentando seguir mirando el camino que rodea mi cuerpo. Las palabras bonitas se entremezclan en lo oscuro de la nada o de caricias que rasguñan el alma. El tiempo no cede ni pone pié atrás en sus malditos segundos. El frío resquebraja las intenciones de gritar, y congelan la última estrella del firmamento.
Aquella que regalaría si tuviera tu cuerpo aquí, mientras somos pero no estamos.
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